La eternidad por fin comienza un lunes
y el día siguiente apenas tiene nombre
y el otro es el oscuro, al abolido.
Y en él se apagan todos los murmullos
y aquel rostro que amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera, nadie viene.
La eternidad ignora las costumbres,
le da lo mismo rojo que azul tierno,
se inclina al gris, al humo, a la ceniza.
Nombre y fecha tú grabas en un mármol,
los roza displicente con el hombro,
ni un montoncillo de amargura deja.
Y sin embargo, ves, me aferro al lunes
y al día siguiente doy el nombre tuyo
y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he vivido.
Eliseo Diego
La mía es una historia de amor, siempre lo ha sido.
Encontrarse con otras personas, desconocidas, descubrir otros mundos, sus mundos.
Mi primer amor…
Al haber nacido en los años ochenta, en la década de los 8-bits, empezó a labrar el terreno de cómo me relacionaría con el mundo y con los demás. Sobre todo, en casa, con la familia.
Hay que recordar que en esos tiempos se comenzó con un fuerte crecimiento en el sector del videojuego alentado por la popularidad de los salones de maquinitas (que funcionan a base de monedas) y de las primeras videoconsolas aparecidas durante la década de los 70 (en mi caso, fue el Atari).
Para cuando tenía recuerdo, ya había un Family (un Nintendo o NES System de mercado, ósea pirata) en casa y los modelos familiares que se podía seguir eran mi hermano y mis primos. Ya que no había muchos niños de mi edad en la familia, o por lo menos, niños que estuvieran cerca de mí. Mi hermano y mis primos se convirtieron en estos modelos, siendo más grandes que yo, ya tenían videojuegos en casa.
Y esa fue mi manera de acercarme a ellos. Con videojuegos. Platicando videojuegos. Para mí, los videojuegos fueron un enlace fuerte con mi imaginario de familia, mi primer amor. Mi familia, los juegos. Usé, y sigo usando, los videojuegos para acercarme a las personas, para convivir con las personas. Y esto va a ser importante más adelante.
Dicho sea de paso, en 1985 apareció Super Mario Bros, que supuso un punto de inflexión en el desarrollo de los juegos electrónicos, ya que la mayoría de los juegos anteriores sólo contenían unas pocas pantallas que se repetían una y otra vez. Además, el objetivo simplemente era hacer una alta puntuación. El juego desarrollado por Nintendo supuso un estallido de creatividad. Por primera vez teníamos un objetivo y un final en un videojuego, de manera básica, pero esto cambiaría la manufactura que poco a poco orillaría a los videojuegos a ser considerados como arte.
El segundo amor…
“Amor de lejos…” decían por ahí. No recuerdo bien cuál fue la primera obra de teatro que vi, pero sí cuál cambiaría la manera de aproximarme a la producción teatral (uso ese término en varios sentidos, cómo hacer teatro, cómo relacionarse con el equipo de trabajo y la más importante, CÓMO RELACIONARSE CON EL PÚBLICO).
La primera relación con el teatro la tuve con un formato teatral de cuarta pared. He de decir que también me enganchó, pero lo que me tomó por sorpresa fue la promesa de crear con tu propio cuerpo otras realidades, aunque sea por unos minutos.
Soy una persona que nació en el entonces el Distrito Federal y que pasó la primera parte de su vida en Tlalnepantla, Estado de México. Esto es importante saber ya que la única manera que tuve para acercarme a las actividades culturales fue a través de mi madre que me metía a todo tipo de talleres culturales para tenerme ocupado en mis primeros años y mi hermano que me ayudó a entrar a la ENEP (FES) ACATLÁN al taller de actuación y al taller de dirección que ahí impartía Pedro Quezada, no había muchas otras opciones, pero fueron las suficientes para empezar a jugar más seriamente esto que le llaman teatro.
Como director escénico podría conseguir la ayuda de otras personas para hacer obras (Plays por su palabra en inglés). Pero fue hasta que vi Los tres sueños de Rosaura un trabajo de una compañía teatral que se desprendía de la UNAM, Proyecto Tres, que se quedó en lo que llamaría Kundera, memoria poética. Así, no por razones afectivas, sino por que cambiaría mi poética de dirección. Es la obra que recuerdo como la primera que vi.
El impacto llegó desde un dispositivo muy sencillo, la obra se presentaba en tres espacios simultáneos que podían verse en cualquier orden lo cual les permitía abrir la obra repartiendo números (1, 2 y 3). En tercera llamada separan a las personas en una triada de grupos, “no se preocupen, al final verán de nuevo a sus acompañantes” decían. Ese detalle me abrió la cabeza de posibilidades y de retos creativos. Por si fuera poco, a mí me tocó acompañar la escena a los baños de la Casa-Estudio Siqueiros. Éramos un grupo de diez personas pegadas a la pared y las intérpretes hacían su escena ahí pero… te veían a los ojos a poca distancia… eso me cambió.
¿Cómo reducir la distancia entre la obra y el espectador? Se necesita ser estúpido para amar de cerca, o al menos esa creencia justificaba nuestra lejanía… pero cómo deseaba estupidizarme hasta el autismo babeante.
Ahí nace ONIRISMOS. La historia de mi grupo de teatro que cree en escuchar al otro es la historia de La Eternidad por fin comienza un lunes o el grande viaje del cisne negro sobre los lagos de hielo de Irlanda. Es una historia de un grupo de jóvenes que se reunieron a hacer teatro para crear juntes e invitar a las personas a participar en la acción nuestros viajes. Para escucharse mutuamente y es ese escuchar la fuerza que nos inclina hacia afuera hacia el espectador, hacia el juego. Una inmensa necesidad de explorar el juego relacional del público y explicaba cómo ese vínculo desplaza al cuerpo del espectador.
El tercer amor…
A pesar de que se supone que las actividades culturales practican la empatía, tanto de los generadores como los que juegan en las actividades, fue la docencia la que me ha mantenido más en contacto con otras perspectivas de miles de números de personas, en su mayoría jóvenes que el teatro mismo. ¡Qué fortuna la mía!
Puedo decir, desde mi particular experiencia de cómo he vivido el teatro, que la escena es un mundo reducido de gente que la frecuenta, la produce y la sostiene*. De alguna manera se ensaya y se presentan para las mismas personas. Pero dar clases a cinco grupos de, en promedio, treinta personas cada cuatro meses… el contacto es increíblemente mayor. Porque además se entabla una relación dialógica que pocas veces fue extremadamente vertical.
Esa relación dialógica no es común en dispositivos hegemónicos teatrales. Pero también hay un campo de batalla en el medio docente.
La ruptura de enfoques tradicionalistas pedagógicos. En mi memoria poética docente, las clases que más recuerdo están a cargo de gente que usa juegos para enseñar. No es hasta la realización de esta investigación que entré de lleno a la aplicación de la gamificación al aula como método pedagógico.
Si bien había aplicado juegos, ahora se convirtió en una disciplina encontrar juegos que desarrollen habilidades y conocimientos relacionados con la currícula de cada materia… semanalmente.
Esto me orilló al mundo de los juegos de mesa que tienen también un gran camino recorrido de dispositivos físicos y presenciales. Agradezco que cada año salgan unos cientos nuevos juegos para poder tomar el mejor para tantos temas y no aburrir con el mismo dispositivo a les alumnes. Millones de maneras de proponer relaciones con los materiales y entre las personas.
Mi tercer amor, las clases, se relaciona de regreso con los otros dos, el teatro y los juegos. Entonces se cierra el círculo y se desborda en este trabajo.
En el mundo profesional es muy normal la capacitación docente. Muchas veces se habla de la gamificación, pero siempre proponen los mismos juegos (Kahoot! es la aplicación más común mencionada por dichos cursos, pero sí mencionan unos cuantos más**) y rara vez te ofrece una metodología que te permita diseñar juegos para tus clases, sólo te orillan a usar las mismas aplicaciones para gamificar el aula.
Es en esta etapa de definición donde convergen los tres puntos para generar problemas creativos para explorar nuevas maneras de relacionarnos. Y es aquí donde también converge la dedicatoria. Este trabajo es para todas esas personas que me enseñaron otras maneras de relacionarme, todas las personas que se vincularon conmigo, todas esas personas que juegan conmigo:
A mis padres, Patricia y Miguel. A mi hermano y mis primos que me enseñaron los videojuegos, Miguel, Sinhué y Jhonatan. A mi hermana, Etna. Al profesor que me inició en el teatro y la dirección, Pedro Quezada. A todas aquellas directoras y coordinadoras que aceptaron mi manera de dar clase y lo impulsaron, Elizabeth, Daniela, Yadhira, Elena, Ana, Jacqueline, Karla y Gicela. A mis maestros, los teatreros Artús, Martín, Ricardo, David, Gabriel e Ignacio. A mis maestras, mis modelos a seguir, Muriel, Amaranta, Niña, Paolina, Irma, Aglaé, Mónica, Iberia. A las personas con las que sobreviví la maestría: Edgar, Fabiola, Kenya y Adbeel.
Por supuesto a todas las personas que han jugado conmigo en ONIRISMOS:
Ana, Nacho, Luis Arturo, Diana, Esteban, Joshua, Stephanie, Guillermo, Cuauhtémoc, Aisel, Selene, Alberto, Iván, Juan Pablo Salazar, Lessly, Elizabeth, Paulina, Miguel, Alma, Itzel, Juan Pablo Dorantes, Nataly, Edgar Ulises, Tabita, Ismael, Andrea, Edwin, Iván Cuevas, Gerardo, Gerall, Daniel, Jorge, Laura, Ellis, Sandra, Adriana, Karen, Pedro, Tita, Marco, Nadia, La Maga, Eduardo, César, Gabriela, Yollotl, Marisol, Alejandra, Sandra, Natalia, Lola, Jon, Sergio, Yun, Joana, Mónica, Azucena, Hasam, Loredo, Dayana, Arantza, Ela, Lola, Rubén, Aline, Teresa, María del Mar, Saidde, Geo, Mayela, Sandra Milena, Hugo, Diana, Dafne, Elfega, Cocone, Danya, Luna, Adriana, Reyna, Ariadna, Mariana, Marlen, Minah, Mon, Montse, Quetzi, Elba, Vania, Ara, Elena, Pepe, Rocío, Fabo, Adolfo, Sara, Écatl, Laura, Mireya, Miguel, Estef, Pedro, Pablo, Erick, Alain, Darwin y a las personas que mi memoria no alcanzó a mencionar.
Y a quien sigue el camino conmigo, en el juego, el juguete y la vida: Gabriela, la Liebre.
Para ustedes esta narrativa de identidad.
(CONTINUAR LA AVENTURA)
(REGRESAR)